¿Imprimir más dinero o crear más empleos?: Semejanzas, diferencias y efectos.

Muchas personas siguen haciéndose la pregunta “Si el dinero sirve para comprar bienes y servicios y éste se imprime en una Casa de Moneda dirigida por el Banco Central de México, ¿Por qué esta institución no imprime más dinero y lo reparte en las calles para que mayor número de personas puedan comprar más bienes y pagar más servicios?"

Introducción:

El texto intenta dar una explicación accesible a todo público no versado en temas económicos y financieros, acerca del aumento en los precios, así como de la importancia del incremento salarial y el nivel de empleo.

Comenzando por las preguntas más recurridas acerca de la viabilidad de imprimir dinero para mejorar la economía de México, se describen, con ejemplos simples, los efectos negativos que tendría en la capacidad de compra de las familias la impresión y repartición de billetes y monedas. También se aborda, a grandes rasgos, el objetivo del Banco Central, así como la importancia de su autonomía para las sanas finanzas del país.

Para finalizar, teniendo en cuanta los datos que publica el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), acerca de la población desocupada y en condición de pobreza, siempre teniendo presente el presente la pandemia como escenario, se liga el primer tema con la necesidad de incrementar empleos y salarios, no solo para reactivar la economía y las finanzas, sino también para generar un verdadero impacto positivo en la población.


Para muchas personas siguen teniendo cabida las siguientes preguntas: “Si el dinero sirve para comprar bienes y servicios y éste se imprime en una Casa de Moneda dirigida por el Banco Central de México, ¿Por qué esta institución no imprime más dinero y lo reparte en las calles para que mayor número de personas puedan comprar más bienes y pagar más servicios? Las personas ya no tendrían carencias porque podrían pagar rentas, alimentos, deudas, se acabaría la pobreza y México se convertiría en una economía avanzada. Y, si el Banco de México (BANXICO) no quiere hacerlo ¿por qué otra instancia de gobierno no los obliga?”.


Pues bien, el tema de imprimir y repartir dinero entre la población que más lo necesita ha sido sumamente recurrido, especialmente desde los primeros meses de 2020, cuando llegó a México la pandemia por COVID-19; desde entonces y hasta la actualidad, casi en febrero de 2022, las condiciones económicas para las y los habitantes del país se han deteriorado ampliamente, para diciembre de 2021 la población desocupada ha llegado a 2.1 millones (INEGI 2022), esto se traduce en familias que dejaron de cubrir sus necesidades básicas. Aunque mucho se ha tratado de explicar y no es una duda nueva, la respuesta sigue siendo ambigua para el grueso de la población que no tiene formación económica o financiera.

Como toda la ciencia económica debería exponerse, es necesario explicarlo en los términos más accesibles para que toda persona lectora del presente escrito pueda entender y dejar atrás este tema que en 2022 no debería seguir siendo una duda colectiva.

La economía y las finanzas son ciencias que cada ser humano construye todos los días en su actuar: cuando compramos comida en mercados y tiendas de autoservicio, cuando esperamos el turno para comprar tortillas, cuando pedimos un taxi para ir o regresar de una fiesta, cuando pagamos servicios como luz, agua, gas, etc. Con nuestras actividades cotidianas estamos haciendo economía y participando en las finanzas. Es por ello que, estas ciencias no se deben elitizar con el lenguaje para hacerlas exclusivas a un círculo, por el contrario, es necesario abrirlas para que todas y todos entiendan por qué su participación es fundamental en la economía y las finanzas del país.

Si el Banco Central produjera más billetes y monedas y saliera a las calles a repartir el efectivo, la gente tendría dinero adicional en sus bolsillos y una familia promedio tendría más que sólo su ingreso para gastar, o sea, las personas tendrían más dinero para comprar más productos en las tiendas y para pagar más servicios. Por ejemplo, si una familia compra diario 1 litro de leche, ahora tendría la liquidez para comprar 2 litros o, si compraba comida para 3 personas ahora podría comprar para 4, si compraba ropa nueva una vez al mes ahora podría hacerlo 2 veces en el mismo periodo, y en el mismo sentido cualquier cantidad de ejemplos. Hasta este punto el escenario es positivo: la gente tiene más dinero y puede pagar más satisfactores, sin embargo, el efecto no se detiene ahí.

Al incrementar la demanda de bienes y servicios, el precio de estos subiría, puesto que si en una tienda hay 10 litros de leche que compraban 10 personas, ahora esas mismas personas tendrían el dinero suficiente para comprar el doble o más litros. En un primer momento, dado que la demanda ha escalado, la dueña de la tienda le pide más litros de leche a la productora que la abastece, y esta última tendría que potenciar la producción para satisfacer la nueva demanda. Ahora bien, hay una cantidad determinada de recursos que se necesitan para producir el lácteo envasado, por ejemplo, hay una cantidad limitada de vacas y de la leche que dan al día, por tanto, aunque la productora quisiera multiplicar exponencialmente la oferta, no podría simplemente porque los países tienen recursos humanos, materiales y naturales finitos, es decir, un nivel máximo o potencial para producir (Mankiw. G 2013).

De tal manera que ante un crecimiento descontrolado de la demanda (porque la población tendría más dinero), el mercado no podría responder con un abastecimiento absoluto —no, el mercado no se regula solo—, provocando así que los bienes y servicios ya existentes en el mercado se coticen ante la mejor compradora (Mankiw. G 2013). La productora de leche, al observar la demanda multiplicada en las tiendas, pero no tener el suficiente producto, vendería el lácteo que tiene a precios más altos y sólo la tienda que pudiera pagar el nuevo precio (encarecido) sería la que accedería a la leche. La dueña de la tienda al haber comprado la leche más cara, la vendería a las familias a un precio más alto, repitiéndose el patrón en todas las tiendas y en todos los bienes y servicios: la familia que tenga el suficiente dinero para pagar el nuevo precio de los productos será la que los obtenga. Esa subida en el precio se llama inflación.

Por tanto, la impresión y repartición de dinero por parte del Banco Central tendría justo el efecto contrario al esperado. La población más pobre sería la más afectada, nuevamente, siendo las personas con más ingreso quienes podrían seguir cubriendo sus necesidades al pagar el alza en los precios.

En resumen, la cadena de consecuencias sería la siguiente: más impresión de billetes y monedas por el Banco Central, extra dinero en circulación en el país, expansión descontrolada de la demanda por las familias, incremento general de los precios en el mercado, es decir, mayor inflación (Banco de México 2016).

Antes de abril de 1994, cuando el Banco de México no contaba aún con autonomía, el gobierno podía ordenar imprimir más billetes y monedas, ello tuvo como consecuencia cifras muy altas de inflación, como el 158% en 1987. Esto fue, aumento generalizado de los precios que dificultó a las familias mexicanas la adquisición de bienes y servicios. Una vez que el Banco Central obtuvo autonomía, la impresión de billetes y monedas estuvo completamente a su cargo. Así es como hasta el día de hoy, el BANXICO controla la emisión basándose en cálculos que van acorde con el precio y la cantidad de productos en el mercado, para mantener un nivel de precios controlado y estable. Transgredir esa autonomía podría traer como consecuencia que la institución perdiera el manejo y se correría el riesgo de alcanzar nuevamente altos niveles de inflación alejados al objetivo dictado por el mismo Banco de 3% con una margen de variabilidad en más y en menos 1%.


Fuente: Elaboración propia con datos del Banco de México.


Por otro lado, pero teniendo correlación directa, si regresamos al primer momento del incremento en la demanda, es verdad que la producción podría subir hasta determinado grado (controlado) y se necesitaría contratar a más trabajadoras y trabajadores para abastecer la nueva demanda elevada, lo que significaría mayor porcentaje de población empleada, más personas con salarios y en consecuencia creciente ritmo de compra de bienes y servicios que contribuiría al bienestar de las familias, comenzando así, un círculo virtuoso que beneficiaría tanto a la producción como al empleo. El mismo efecto positivo se podría lograr con un aumento en el salario mínimo o el nivel de empleo. Dicha expansión sería posible en ambos rubros porque para que generen presiones inflacionarias, los porcentajes de estos dos indicadores tendrían que estar rondando cifras descontroladamente altas y en México, donde la población en situación de pobreza es del 43.9%, es decir, 55.7 millones de personas en el país, siendo 10.8 millones de ellas, personas en pobreza extrema (Coneval, 2021), el que mayor número de habitantes tenga alcance a más bienes y servicios, debería ser prioritario. Por lo anterior, se deduce que, en una economía como la mexicana, el replanteamiento de los niveles de salario mínimo y empleo, resulta indispensable.


Bibliografía.


Banco de México (mayo 2016). Cambios Recientes en el Mecanismo de Transmisión de la Política Monetaria en México. Recuperado el 20 de enero de 2022, de https://www.banxico.org.mx/publicaciones-y-prensa/informes-trimestrales/recuadros/%7B4E9CF0BE-8E0B-B599-6500-6553239FEF8B%7D.pdf

Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (agosto 2021). Comunicado No.09 Las estimaciones de pobreza multidimensional 2018- 2020. Recuperado el 20 de enero de 2022, de https://www.coneval.org.mx/SalaPrensa/Comunicadosp